España ante el Índice de Percepción de la Corrupción 2025: Una tendencia que no cesa
Hace justo un año, analizábamos con preocupación cómo España perdía terreno en la lucha contra la corrupción. Titulábamos nuestra reseña “España retrocede en el índice de percepción de la corrupción”, basándonos en una caída de 4 puntos y 10 puestos en el ranking global.
Hoy, con los datos del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025 recién publicados por Transparency International, la conclusión es agridulce: el retroceso persiste, aunque la caída se ha moderado en intensidad.
Más allá del titular, el IPC funciona como un termómetro reputacional e institucional: influye en confianza, inversión, contratación pública, riesgos de integridad y, en general, en cómo se percibe la eficacia del Estado de derecho y los mecanismos de control.
La radiografía de 2025: Los números de España
En el informe de este año, España ha obtenido una puntuación de 55 sobre 100. Esto supone la pérdida de 1 punto adicional respecto al año anterior (56) y un descenso de 3 puestos en el ranking mundial, situándonos ahora en la posición 49 de 182 países. Nos mantenemos por debajo de Fiji y por encima de Italia.
Si comparamos esta foto con la de hace apenas dos años, la deriva es evidente: hemos pasado de tener 60 puntos y ocupar el puesto 36 en el informe de 2023, a los 55 puntos y el puesto 49 actuales.
¿Qué ha cambiado desde nuestro último análisis?
El año pasado, destacamos que España se encontraba en un punto de «estancamiento crítico» y alertábamos sobre el impacto del desmantelamiento institucional. ¿Qué nos dicen los datos hoy?
- Declive persistente: España sigue siendo señalada por Transparency International como uno de los países con un declive más significativo desde 2012 (acumulando una pérdida total de 10 puntos).
- Por debajo de la media europea: Mientras que la media de la Unión Europea y Europa Occidental se sitúa en 64 puntos, España (55) se aleja cada vez más de los estándares de integridad de nuestros vecinos del norte como Dinamarca (89) o Finlandia (88).
- El factor de la desafección: El informe de 2025 vincula directamente el estancamiento de las puntuaciones en Europa con una pérdida de confianza de la ciudadanía. En España, esta percepción se ve alimentada por la lentitud en la implementación de medidas preventivas eficaces, más allá de la mera transposición de directivas.
Por qué es especialmente relevante en 2025–2026: ya existe la AIPI, pero el índice no mejora
Una diferencia importante con “el año pasado” es que ya está operativa la AIPI, según explicamos en la Guía de notificación del Responsable del Sistema Interno de Información.
Esto refuerza una idea práctica: crear el marco y la autoridad es necesario, pero no suficiente. El salto en percepción exige que los mecanismos funcionen “en la vida real”:
- que se denuncie sin miedo,
- que se investigue con rigor,
- que se sancione cuando procede,
- y que existan señales visibles de integridad y control efectivo.
¿Por qué es esto crítico para las organizaciones?
Desde mysecway recordamos que la percepción de la corrupción no es solo una estadística política; es un indicador de riesgo de negocio.
- Seguridad Jurídica: Un país con una percepción a la baja suele ir acompañado de una mayor incertidumbre normativa.
- Competitividad: La caída en el IPC afecta a la imagen de marca-país, dificultando la atracción de inversión extranjera que busca entornos transparentes y predecibles.
- Cultura de Compliance: Como mencionamos en nuestro artículo anterior, las empresas deben doblar su apuesta por sistemas internos de información (canales de denuncias) y marcos de integridad robustos para compensar las debilidades institucionales.
Conclusión
El informe de 2025 menciona que España ha lanzado planes nacionales anticorrupción para cerrar brechas legales. Sin embargo, los resultados en el índice demuestran que estas medidas aún no han permeado en la percepción pública ni en la de los expertos.
Como ya advertíamos el año pasado, el cumplimiento normativo (Compliance) no es una opción, sino una necesidad de supervivencia. En un entorno donde las instituciones flaquean, la integridad corporativa debe ser el pilar que sostenga la confianza de clientes e inversores. La prioridad para 2026 es pasar del “cumplo porque toca” al “funciona y lo puedo demostrar”: un sistema interno de información sólido, bien gestionado y conectado a cultura, control y rendición de cuentas.

